El anonimato existencial

En un pasaje del libro Fahrenheit 451 Clarice le dice a Montag que escucha hablar a la gente y se da cuenta de que no hablan de nada. “¡Oh!” -exclama Montag- “¡De algo hablarán!” Y Clarisse insiste: “No, de nada, citan una serie de automóviles, de ropa o de piscinas y dicen que es estupendo. Pero todos dicen lo mismo, y nadie tiene una idea original».

Ya el escritor de esta novela, Ray Bradbury, visualizaba una cierta masificación. Hoy, sin embargo, nos encontramos con personas con las que efectivamente no hay nada que hablar: «miran el teléfono y no dicen nada».

La gran cuestión que nos plantea la novela es que el hombre puede juntarse de un modo impersonal. En la masa, dice Viktor Frankl, el hombre se confunde con un todo donde no halla significado. Se convierte en un hombre que no tiene nada que compartir. Pero es en el encuentro con el otro donde el hombre no solo comparte, sino que es donde enriquece su vida y es donde descubre quién es.

El hombre –dice Ortega y Gasset- es el “yo y sus circunstancias, y si no la salva a ellas, no se salva él”. La segunda parte de la frase nos dice que, a pesar de que los demás ya son, esperan ser descubiertos, esperan ser valorados. Si yo no descubro que tengo al lado una persona que pasa hambre, si yo no descubro que tengo una familia, si no hay ningún reconocimiento de parte del otro, entonces hablamos de personas que pasan desconocidas. Hablamos del anonimato existencial.

Toda la historia del hombre, todo lo que somos, la escribimos en nuestra relación con los demás. Lo más valioso de nuestra historia lo constituyen una serie de vínculos desde los que cada uno es capaz de entenderse, de narrarse, de escribirse. Así yo me entiendo como hijo de mis padres, como amigo de mis amigos, como miembro de una comunidad. Entiendo que mi historia personal se entiende y se construye en relación con los demás.


En su libro Psicoanálisis y Existencialismo Viktor Frankl dice que la imperfección de cada hombre es lo que trae su peculiaridad. Es como un mosaico que solo en el conjunto, en el todo, adquiere su significado pleno. De este modo la comunidad, a diferencia de la masa, la conforman hombres y mujeres con un valor propio. Cada uno constituye una pieza irremplazable del conjunto. Sin el sentido de la vida individual, no hallamos el sentido de la comunidad, y viceversa.

En la comunidad, en el encuentro con el otro, el hombre se va realizando. A través del encuentro salvo al otro de su anonimato pero, sobre todo, lo proyecto. Un hombre que vive con cosas es un hombre que no encuentra proyección, que busca vivir seguro, teniendo cada vez más, en un continuo presente que termina por esfumarse. Con el otro, en cambio, el hombre se proyecta hacia el futuro. Solo a través de la confianza, y esto solo se da entre personas, el hombre se abre a la esperanza, y en la esperanza la libertad avanza, busca lo bueno y construye una vida y un mundo mejor.

Incluso y, primariamente, en lo más profundo del hombre nos encontramos con el Otro. Solo yo me enfrentó a la vida de manera responsable, consciente de mi valor particular, porque me siento llamado a realizarme. Y es que mi existencia me ha sido dada por otro que espera algo de mí. Y esa espera, propia del amor, es el fundamento del sentido, de una vida que he recibido y que me siento llamado -y agradecido- a realizar.

Ese «quién es el hombre» se descubre, nos dice Emmanuel Mounier, en la propia existencia. Cuando el hombre, libre, se dirige hacia alguien que está fuera de él (Frankl) es capaz de recorrer un camino, y una vez transitado puede mirar para atrás y entender su propia historia. Al otro, a su vez, yo le puedo contar mi propia historia; como protagonista de una historia única y original, como ser narrativo, yo le puedo decir al otro quién soy.

En su existencia el hombre se va haciendo consciente de su espíritu. Y en lo más profundo que, a su vez, es lo más alto de este (Frankl) nos encontramos con la presencia misteriosa de un Otro que a través del amor espera cosas grandes de nosotros pero que, sobre todo, espera que a lo largo de nuestra vida nos descubramos y que no vivamos en el triste y vacío anonimato existencial.

GCF

Gabriel Capriles

@gabcapriles

repensarelmundodehoy.wordpress.com

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