Edward Snowden

Un dilema de la Modernidad

En uno de sus últimos libros el filósofo Tveztán Todorov escribió sobre la vida de 8 personajes a quienes llamó “Insumisos”, hombres y mujeres caracterizados por “decir NO en un momento en que todos decían SÍ”.

Una de las historias de estos nuevos héroes es la de Edward Snowden, el ex consultor tecnológico de la CIA que en el 2013 filtró información del programa de seguridad PRISM para revelar cómo el gobierno estadounidense invadía la intimidad de algunas personas. La hazaña de Snowden, llevada recientemente a la gran pantalla, nos trae algo interesante para reflexionar, un dilema que desde hace tiempo el hombre se plantea con respecto a la convivencia en sociedad: Seguridad o libertad, “¿para estar más seguros, debemos ser menos libres?”.

Este dilema es más viejo que el cine. Desde la Ilustración algunos filósofos se plantearon que el Estado debía brindar seguridad a los individuos, resguardándolos de sus enemigos: los demás ciudadanos. Para Hobbes el “hombre era un lobo para el hombre”, para Rousseau era “un buen salvaje” que se corrompía en sociedad. Los asuntos públicos, la política, se reservaba así para el Leviatán, para la voluntad general, para el Estado, un mecanismo de poder que debía defender al hombre como cajas fuertes que viven aisladas: “para mí la libertad del otro significa poco, lo único que pido es que haya alguien que la limite hasta donde llegue la mía”. Así, para estos y otros filósofos contractualistas, la convivencia humana se construía sobre la desconfianza y ser libre quedaba tan sólo como algo de hecho, no como algo que cada quien debía desarrollar.

Con teorías posteriores, como el personalismo, se han rescatado algunas ideas aristotélicas donde la seguridad del hombre en sociedad se basa en la confianza.  Para Aristóteles el hombre vive en sociedad no sólo para sobrevivir (para resguardarse de su vecino “el lobo”), sino principalmente para vivir bien (para vivir en unas condiciones que promuevan su desarrollo personal). De este modo, la sociedad política le otorga al ciudadano los recursos materiales y morales necesarios para que persiga su felicidad, y en ellos toman parte importante las relaciones interpersonales -el otro- (en la familia, en la escuela, en la amistad…). Aquí se trata no sólo de reconocer y defender jurídicamente unos derechos sino de hacerlos valer y promover a través de unos deberes. Así, la convivencia humana, se construye sobre la confianza, y la libertad se concibe como una tarea que debo realizar, no a pesar de los demás, sino con los demás.

En la Modernidad varios autores tocan aspectos del hombre moderno donde encontramos un notable influjo de las ideas ilustradas. Por un lado, nos dice Gabriel Chalmeta, que el Estado se ha fusionado con la sociedad política, promoviendo en los ciudadanos una fuerte indiferencia por los asuntos públicos. Giovanni Sartori dirá que la estructura de poder democrática ha pasado a convertirse en demodistribución, garantizándole a los ciudadanos lo que a ellos les apetece (a esto el autor lo llamará demoapetito): libertad económica y seguridad. Zigmund Bauman hablará sobre la gran influencia que tiene el mercado  en el hombre moderno, y de cómo las necesidades de consumo aumentan la incertidumbre sobre la dirección que deben tomar la vida de los individuos, trayendo más desconfianza en sí mismo y en su relación con los demás. Y Adela Cortina acuñará un término que se hará famoso, referido a la fobia hacia los pobres “Aporofobia”, también sustentado en la desconfianza hacia el otro y en el afán de lucro… Todas estas ideas no son más que alertas sobre algo circunstancial, no nos recuerdan la verdad sobre el hombre, pero es importante tomarlas en cuenta para poder entender lo que vivimos y así proponer caminos mejores.

Sin embargo, en la Modernidad no todo ha sido desconfianza. La historia, como dirá Gabriel Chalmeta, también nos muestra un progreso –personalista- del hombre por reconocer e impulsar la dignidad de cada quien, donde, a los derechos negativos (defender que el otro no dañe mi libertad) se agregan unos derechos positivos (promover el desarrollo de nuestra libertad: la participación del hombre en sociedad, su formación como persona, etc.).

La urgencia de despertar de esta ideología de la desconfianza es lo que Snowden, con su ejemplo, nos recuerda. Sólo en un ambiente de mayor confianza habrá mayor libertad, pero para mantenerlo se necesitará ciudadanos responsables. Se necesita responsabilidad por parte de las autoridades para defendernos y promover el bien común (basado en la dignidad de cada persona), pero también se necesita responsabilidad por parte de nosotros mismos, para hacer valer, como hizo Snowden, lo que consideramos valioso.

El hombre, al decir de Albert Camus “es el único ser que puede actuar como lo que no es”. Y por ello considero que estos héroes o insumisos de los que nos habla Todorov, al decir que NO, en una época en donde todos dicen que SÍ, le muestran al hombre una porción más amplia sobre el gran horizonte de su libertad y lo invita a vivir como lo que él es: un individuo libre, capaz de conocer, amar y ser feliz. 

 

Bibliografía:

Gabriel Chalmeta, Ética social y política (EUNSA).

Zigmund Bauman, Modernidad líquida.

Tvztán Todorov, Insumisos.

Giovanni Sartori, ¿Qué es la democracia?

Aristóteles, La Política.

 

Gabriel Capriles.

@gabcapriles

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