Aprendiendo de María y José

La_Anunciación,_de_El_Greco_(Museo_del_Prado)

I. La Anunciación.

En un pueblo de Israel nació la más hermosa de las mujeres, que por la eternidad sería aclamada como Reina del cielo y de la tierra.

Aun recibiendo tantas gracias trabajó como cualquier otra mujer de Nazareth. Sus padres, Joaquín y Ana, la criaron en un ambiente lleno de sencillez y confianza. Con su ejemplo le enseñaron a valorar lo importante: el cuidado del hogar y de las cosas pequeñas, el trato con los demás y con Dios. Le habrían enseñado a rezar, y hablando con Dios habría aprendido a ser humilde y a conocerse a sí misma.

Era una mujer sencilla que, atenta de lo importante, no tendría tiempo de complicarse con las cosas de la tierra. Su virtud atrajo a José, varón virtuoso de Nazareth, que trabajaba esforzadamente y esperaba en Dios. Como María, era hombre de vida interior, y en los momentos decisivos de su vida supo decir que sí.

La juventud de María y José fue una preparación para lo que les sería encomendado. Eran jóvenes que en el transcurso de su vida, con trabajo duro, se hicieron más fuertes. Esta fortaleza les permitía arrojarse con confianza en el presente, sin preocuparse demasiado del futuro. Un esfuerzo fundamentado en una profunda confianza en Dios.

Llega el Ángel Gabriel a anunciarle a María que de ella nacería el hijo de Dios, y con un “Fiat” corresponde a la voluntad divina. Tiene un corazón libre, que sabe escoger lo que más desea, aunque cueste; y, más aún, tiene un corazón enamorado, por haber conocido y tratado a Dios, con el que es capaz de decirle que sí todos los días de su vida. Lo mismo ocurre con San José, un hombre capaz de dar su vida entera para realizar lo que Dios quería de Él.

María, una mujer en apariencia tan insignificante, se convirtió en la Reina de los cielos y de la tierra. En su vida terrena pasaría desapercibida, trayendo a Dios a los hombres. Ahora, desde Los Cielos, lleva a los hombres a Dios y los hombres la quieren y la aclaman como Madre, como Reina de Misericordia que intercede por nosotros ante la justicia divina.

Aprendemos de María y de José que el trabajo esforzado y confiado en Dios ensancha nuestro horizonte de vida. Aquel que sabe decirle que sí se lanza al designio misterioso que nos tiene asignado a cada uno de nosotros y tomándomos de la mano nos dirige hacia el mejor camino, por el que sólo perseveran los que confían, los que caminan enamorados.

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