De cómo los hombres se hacen felices (I)

Muchos dicen que la felicidad es algo que se busca por cuenta propia, que para ser felices debe estar primero el propio beneficio que el de los demás. Sin embargo, la experiencia nos dice otra cosa.

Para comprobarlo podemos acudir a la literatura. En el libro “La elegancia del Erizo” de Muriel Barbery, Paloma, una niña de 12 años de edad, dice que cuando cumpla los 13 se va a suicidar, porque la vida de los adultos son como la de “moscas que chocan una y otra vez contra el mismo vidrio”. Una primera demostración que la felicidad no es cosa singular. Paloma busca ejemplos de vida que le hagan pensar en algo mejor, en “cómo yo podré ser feliz cuando sea grande”.

Un hombre que en su vida logra “ir más allá del vidrio” se propone, en todos los casos, salir de sí mismo. Muchos se lanzan sin más a la aventura, otros se preparan buscando a través de lecturas o de una buena educación un mejor ideal que alcanzar.

A través de la educación, de la lectura, de la cultura,  de las relaciones interpersonales, del ejemplo del otro, el hombre va formando un criterio con el que dirige libremente el rumbo de su propia vida. Y este criterio lo adquiere de aquellas ideas que muchos hombres han trabajado y de las que muchos otros se han nutrido por años.

Otro momento de salir de nosotros mismos para ser felices lo encontramos cuando vemos que nuestras limitaciones son demasiado evidentes. Nos hemos propuesto grandes cosas en la vida, pero nos damos cuenta que para alcanzarlas necesitamos ayuda.  Por eso Alasdair Macintyre dirá que para el universitario, que va en búsqueda de la excelencia, es fundamental la virtud de la humildad, pues sin ella no estamos dispuestos a rectificar y mucho menos a pedir ayuda para salir adelante.

Un tercer punto es que el hombre se hace “excelente” saliendo de sí mismo. Para los griegos la vida buena o excelente que lleva a la felicidad se basa en la virtud, en hábitos buenos que le permiten al hombre alcanzar bienes arduos como la justicia, el amor, etc. Y estos hábitos son sólo posibles de adquirir haciendo uso de nuestra libertad, dirigiéndonos a bienes externos a nosotros mismos, que muchas veces involucran y benefician a los demás.

También tenemos, siguiendo a Adela Cortina, que ir en búsqueda de la excelencia consiste en romper nuestro propio récord, no en una competencia para batir el récord mundial o para creernos el mejor. Cortina pone un ejemplo personal: “Cuando era pequeña iba a la piscina a nadar con mi hermano y como era absurdo ponernos a competir porque me iba a ganar, cada quien le tomaba el tiempo al otro, primero yo a él y luego él a mí”. Concebida así la excelencia es una excelencia ayudada, es un ir siempre a más, a lo mejor, que no aplasta al otro, sino que da el ejemplo e impulsa a los demás a romper también su propio récord.

Por último cabe tocar el tema del amor, la muestra más clara de que el hombre se hace feliz saliendo de sí mismo.

Sigue leyendo: De cómo los hombres se hacen felices (II)

Gabriel Capriles

@gabcapriles

Foto: Cortesía de aclassicaday.blogspot.com

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